Siempre sentí que la vida estaba regida por ciclos que nos elegían a nosotros y que eran inevitables. Igual que los años, se sucedían uno tras otro y simplemente había que dejar que sigan su curso, soportando lo mejor posible sus fluctuaciones. Algunas frases peligrosas fomentan esta creencia: una de cal otra de arena, siempre que llovió paró, la yuxtaposición pesimista: si paró, lloverá. Y su coequiper: El que busca encuentra. Agrego: El que encuentra ahí se queda.
Existe un cierto goce en la pasividad del escéptico cuando ve consumado sus malos presagios, maldigo esa cobardía. Keynes ya lo había dicho, en la fase de contracción es indispensable intervenir.
Está llegando a su fin mi etapa de expansión y temiendo lo peor, me adelanté e improvise unas tijeras para cortar este ciclo de buenas y malas, que parece presentarse siempre puntualmente.
Se me ocurrió entonces hacer un nuevo experimento, mi propio New Deal.
- Fase Uno: Gallito Ciego.
Di vuelta sobre la mesa todas las piezas del rompecabezas que articula la historia que vengo contando sobre mi, saqué el polvo, desarmé y mezclé. Quiero que la Gran Depresión me encuentre, esta vez, dispuesta a invertir en las piezas que todavía me faltan encontrar.
Durante esta primer etapa de investigación no hubo ninguna alteración, ningún cambio interior significativo, ni siquiera un sueño perturbador para anotar en la carpeta de campo. Desorden en estado puro sin consecuencias apreciables.
Puse en practica mi plan B: Perturbación del ecosistema habitual.
- Fase Dos: Las Plumas Del Pavo Real.
Modifiqué todo mi entorno, desde lo insignificante hasta lo más trascendental. Comencé por pintar la fachada, cambie nombres, lugares, hábitos, acciones, miradas, palabras, alimentos, predicciones, axiomas, cartas, fotos, santuarios, caminos, destinos, miedos, supuestos, preguntas y respuestas. Conclusión, resultados iguales, inmutabilidad absoluta.
OBSERVACIONES:
No alcanza, mis acciones no me definen. Si quiero romper el vaso tengo que tirarlo al piso.
Sin embargo descubrí algo que puede servirme más adelante, cuando se cambia de ambiente, yo sigo siendo la misma pero la variable se traslada a los demás.
Nota al pie: Algo minúsculo como un gesto inventado puede modificar en forma permanente el lente de quienes me observan a diario. Interesante.
Estoy confundida, ya es tiempo debería manifestarse el impacto pero no paso nada. Sigo suspendida entre hipótesis incomprobables y eso es todo lo que tengo hoy.
Me dispongo a limpiar el desorden, para volver al comienzo pero no me di cuenta y el calor deformo algunas fichas, surge un nuevo problema, ya no logro ponerlas en su lugar.
CONCLUSIÓN:
De las experiencias truncas pueden obtenerse tantas conclusiones, como respuestas en los problemas imprevistos.
En mi caso, este último, fue la punta del ovillo que hace que pueda empezar a desatar algunos nudos.
A veces creemos que avanzar significa moverse sin que importe el punto cardinal, creemos que cualquier acción es mejor a no hacer nada y cometemos errores, solo porque en esta avenida pusieron el cartel de prohibido detenerse. Supongo que más de una multa debe saltar en mi veraz.
Accionar para no detenerse es igual de nocivo que no accionar, son las dos caras del miedo, solo que la primera es mucho más difícil de identificar, suelen llevar buenos disfraces, ¿Cuanto tiempo destinamos en falsa ocupación?.
No hace falta tanto empeño en buscar aliados del miedo, aparecen solos, junto con la obsesión absurda de que todo no puede estar bien. Aun que tenga 5 patas, el gato sigue caminando.
Sigo sin descubrir como sobrellevar los periodos de recesión, pero entendí que la mejor forma es invertir tiempo en las debilidades y hacer que estas se entiendan mejor con nuestra propensión.
Los momentos de fragilidad son la oportunidad justa de volvernos personas más completas y aun que no sean agradables son necesarios para cerrar esas grietas que deja el abundante caudal de agua pasada.
Quizá es cierto que los ciclos son inevitables y como dice Keynes es necesario intervenir, el interrogante radica en como hacerlo, y la respuesta es patrimonio de cada uno, esta ahí, siempre latente, para cuando tengamos el valor de ponernos al hombro nuestra propia existencia, sin escusas, sin parches, sin resentimientos y sin culpas a terceros.
Si hay piezas que cambiaron de formas no sirve de nada hacer que encajen, aun que lo logremos quedan espacios abiertos que se llenan con aire.
Cuando vivimos esperando que la crisis aparezca no respetamos los ciclos, se pierde el sentido, alteramos el orden natural y el miedo nos coloca justo en el lugar del que estamos huyendo. Nos convertimos muy antes de tiempo y por voluntad propia en esa línea recta que solo debería aparecer terminado el último segundo de nuestra vida.
Llevo varios años oscilando entre fluctuaciones algunas más leves, otras al límite del naufragio y debo reconocer que aun que aprendí poco, de momento alcanza, para saber de que forma quiero seguir caminando, no importan los destinos, siempre varían, importa como llegamos a ellos. No creo que sea fácil, voy a detenerme cuantas veces sea necesario para comprobar si los pasos que camino siguen siendo los que quiero o si ya cambiaron de dueño.
Yo no creo que sea temor a soñar lo que paraliza, creo que nuestro peor enemigo es el pánico a soñar diferente. Dolor profundo, silencio invasivo del vértigo que provoca dejar de anhelar aquello que nos acostumbramos a desear, es un duelo que nadie parece dispuesto a soportar y amedrenta incluso hasta los más rebeldes.
Aquello que no sucede y se mantiene idílico eternamente, es la anestesia del dolor más adictiva y peligrosa, hay que soportar cada síntoma si queremos desintoxicarnos de antiguas quimeras.
No existe un plan resistente al tiempo, ni momentos de placer que no se alimenten de alguna carencia.
Hay que ser audaz para aceptar nuestra propia fragilidad e intervenir no para alinear la parábola sino para disfrutar la adrenalina de los puntos de inflexión más extremos.
Sin anestesia, duele, sangra, arde, pica y molesta. Soñar diferente asusta y ejercer la acefalía nos redime los pecados, sin necesidad de alegar demencia al tribunal.





